Nuestra historia

Conoce la historia de la Iglesia Bíblica de Jesucristo qué es nuestro testimonio de que todo lo ha hecho nuestro Señor Jesucristo. Solo a Él la Gloria.

Érase una vez...

Nuestra Iglesia abrió sus puertas por primera vez el domingo 22 de septiembre de 1991, en un salón del Hotel Fontán de la Ciudad de México. Aquel día, 20 personas —la mayoría jóvenes— se reunieron con un mismo anhelo: adorar al Señor. Lo que comenzó en un pequeño salón pronto se convirtió en una travesía de fe y perseverancia.

Después de un tiempo, el Señor nos llevó a la calle Felipe Villanueva en la Colonia Peralvillo. Su respaldo se hizo evidente, y el crecimiento de la congregación nos impulsó a mudarnos a la Colonia Casas Alemán, en la calle Puerto Mazatlán.

No pasó mucho antes de que las puertas se abrieran en el cine Santos Degollado. Allí enfrentamos luchas y pruebas, pero también vimos la fidelidad de Dios que nos sostuvo y nos guió hasta un segundo piso en la calle Prosperidad A, Colonia Campestre Aragón. Desde ese lugar seguimos adorando, creciendo y madurando como iglesia, en medio de desafíos y batallas espirituales.

Más adelante, el Señor nos llevó a la Unidad CTM Nueva Atzacoalco, donde celebramos un evento que marcaría nuestra historia: “Koinonía”, ocasión en la que nuevas familias se unieron a nuestra comunidad por la gracia de Dios.

Tiempo después, nos reunimos en el Cine Xalostoc, en el Estado de México. Allí comenzaron a nacer las oraciones y planes para contar con un lugar propio. En 1998 celebramos la primera “Salmodiad”, una fiesta de alabanza y adoración realizada en el Deportivo Plan Sexenal.

Poco después, el Señor nos condujo a la Colonia Pueblo San Juan de Aragón, donde en 1999 y 2000 celebramos dos memorables ediciones más de “Salmodiad”, esta vez en el Teatro Metropolitan. Estos eventos fueron un instrumento para que muchas más familias se sumaran a nuestra congregación.

Finalmente, en 2001, llegamos a nuestro actual hogar en la Colonia Martín Carrera. Ese mismo año celebramos una nueva “Salmodiad” en nuestras propias instalaciones. Aquí, en este lugar, hemos visto el mayor crecimiento: no solo en número de miembros, sino en madurez espiritual.

En 2012, la sorprendente providencia de Dios nos permitió adquirir este santuario, con el propósito de glorificar el nombre de nuestro Señor Jesucristo y edificar a su pueblo.

A lo largo de estos años, muchos han llegado, otros han partido, y algunos más han sido llamados a la presencia gloriosa del Señor. Pero en todo momento Su gracia ha sido nuestro sostén.

Hoy reconocemos con gratitud que toda la gloria, el honor y el crédito pertenecen únicamente a Dios. Él es quien ha edificado y guardado esta congregación desde el principio, y en Sus manos seguimos confiando para el futuro.